Las siete capas y los siete chakras del campo aural

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Las siete capas del campo aural

Durante mis trabajos como consultora y sanadora he observado siete capas. En principio sólo podía ver las más bajas, que son las de mayor densidad y más fácilmente perceptibles. A medida que avanzaba en mis trabajos iba percibiendo más capas. Cuanto más elevada era la capa, mayor era la necesidad de expandir mi conciencia para detectarla. Es decir, que para percibir las capas superiores, como la quinta, la sexta y la séptima, tenía que sumirse en un estado meditativo, por lo general con los ojos cerrados.

Tras dos años de práctica empecé a ver más allá de la séptima. Mis observaciones del aura me revelaron un interesante dibujo dualista del campo. Las capas alternas del campo están altamente estructuradas, mientras que las intermedias parecen estar compuestas por fluidos coloreados en constante movimiento. Estos fluidos atraviesan la forma establecida por las tornasoladas ondas luminosas permanentes. La dirección del flujo está regulada en cierto modo por la forma de la luz permanente, ya que pasa a través de sus líneas luminosas. También las formas permanentes de luz propiamente dichas son centelleantes, como si estuvieran formadas por hileras de numerosas lucecitas diminutas que parpadean con rapidez, cada una a una velocidad distinta. Las líneas luminosas permanentes parecen poseer diminutas cargas que las recorren.

Así, la primera, tercera, quinta y séptima capas tienen una estructura definida, mientras que la segunda, la cuarta y la sexta están compuestas por sustancias semejantes a fluidos, sin estructura determinada.

Cobran forma por el hecho de que atraviesan la estructura de las capas impares y, por ello, adoptan en cierto modo la de las capas estructuradas. Cada capa sucesiva penetra y atraviesa por completo todas las situadas debajo, incluyendo el cuerpo físico. Así, el cuerpo emocional se extiende más allá del cuerpo etéreo, e incluye tanto a éste como al cuerpo físico. En realidad, ninguno de los cuerpos es una
«capa», aunque sea así como lo podemos percibir, sino una versión más expansiva de nuestro yo que
lleva dentro otras formas más limitadas.

Desde el punto de vista del científico, cada capa puede ser considerada como un nivel de vibraciones más altas, que ocupan el mismo espacio que los niveles de vibración situados debajo y que se extienden más allá. Para percibir las capas de forma consecutiva, el observador debe aumentar su conciencia a cada nuevo nivel de frecuencia. Tenemos, por tanto, siete cuerpos, todos los cuales ocupan el mismo espacio simultáneamente, cada uno extendiéndose más allá del último, algo a lo que no estamos acostumbrados en la vida cotidiana «normal». Muchas personas estiman, de manera equivocada, que el aura se puede despojar de capas consecutivas, como se hace con una cebolla, pero no es así.

Las capas estructuradas contienen todas las formas del cuerpo físico, incluyendo sus órganos internos, vasos sanguíneos, etc., además de otras formas adicionales de las que carece éste. Existe un flujo vertical de energía que palpita hacia arriba y hacia abajo por el campo en la espina dorsal. Se extiende al exterior, más allá del cuerpo físico, por encima de la cabeza y por debajo del cóccix. Yo la denomino corriente de fuerza vertical principal. El campo presenta torbellinos turbulentos de forma cónica denominados chakras. Sus puntas señalan hacia la corriente de fuerza vertical principal, y sus extremos abiertos hacia el borde de cada capa del campo en el que están situados.

Las siete capas y los siete chakras del campo aural:

Cada capa parece distinta y tiene su propia función. Cada capa del aura está relacionada con un chakra. Es decir, la primera capa está asociada con el primer chakra, la segunda con el segundo chakra, y así sucesivamente. Se trata de conceptos genéricos que se complicarán muchísimo a medida que profundicemos en el tema. Por el momento, nos limitaremos a relacionarlos para dar una visión de conjunto. La primera capa del campo y el primer chakra están relacionados con el funcionamiento del cuerpo y la sensación física (sentir dolor o placer físicos). La primera capa guarda relación con el funcionamiento automático y autónomo del cuerpo. La segunda capa y el segundo chakra se relacionan, en general, con el aspecto emotivo de los seres humanos. Son vehículos de nuestra propia vida y de nuestros sentimientos emocionales. La tercera capa está asociada con nuestra vida mental, con el pensamiento lineal. El tercer chakra está relacionado con el pensamiento lineal. El cuarto nivel, que se relaciona con el chakra del corazón, es el vehículo por medio del cual amamos, no sólo a nuestra pareja, sino a la humanidad en general. El cuarto chakra es el que metaboliza la fuerza amatoria. Por su parte, el quinto nivel está relacionado con una voluntad más elevada que tiene mayor conexión con la voluntad divina, y el quinto chakra se asocia con el poder de la palabra, dando ser a las cosas mediante ella, escuchando y aceptando la responsabilidad por nuestras acciones. El sexto nivel y el sexto chakra están asociados con el amor celestial, que se extiende más allá del alcance del amor humano, abarca toda la vida y establece una declaración de cariño y apoyo para la protección y el alimento de toda vida. Mantiene todas las formas de vida como precisas manifestaciones de Dios.

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Finalmente, la séptima capa y el séptimo chakra guardan relación con el pensamiento elevado, el conocimiento y la integración de nuestra formación espiritual y física.

Existen, por tanto, lugares específicos dentro de nuestro sistema energético para las sensaciones, las emociones, los pensamientos, los recuerdos y otras experiencias no físicas de las que damos cuenta a
nuestros médicos y terapeutas. La comprensión de la forma en la que nuestros síntomas físicos están relacionados con estas posiciones nos ayudará a comprender la naturaleza de las distintas dolencias, y la diferencia entre los estados de salud y de disfunción.

De este modo, el estudio del aura puede ser un puente entre la medicina tradicional y nuestras preocupaciones psicológicas.

Posición de los siete chakras

La posición de los siete chakras mayores en el cuerpo físico, como se ve en la figura corresponde a los principales plexos nerviosos del cuerpo en dicha zona corporal. En su libro Radionics and the Subtle Bodies of Man, el doctor David Tansely, especialista en radiónica, dice que los siete chakras mayores se forman en los puntos en que las líneas permanentes de luz se entrecruzan 21 veces.

Posición de los chakras (7 mayores y 21 menores)
Los 21 chakras menores se encuentran situados en puntos en que los ramales de energía se cruzan 14 veces. Sus posiciones son las siguientes: uno delante de cada oreja, uno encima de cada tetilla, uno donde se unen las clavículas, uno en la palma de cada mano, uno en la planta de cada pie, uno justamente detrás de cada ojo (no se muestran), uno relacionada con cada gónada, uno cerca del hígado, uno conectado con el estómago, dos conectados con el bazo, uno en cada corva, uno cerca del
timo y uno cerca del plexo solar. Estos chakras sólo miden unos 7,5 cm de diámetro y se encuentran a unos 2,5 cm de distancia del cuerpo. Los dos chakras menores situados en las palmas de las manos son muy importantes para la curación. Donde las líneas de energía se cruzan siete veces se crean torbellinos todavía más pequeños.

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Los siete chakras mayores; vistas frontal y posterior
Existen muchos centros de fuerza diminutos en los puntos donde estas líneas se cruzan menor número de veces. Tansely dice que estos minúsculos torbellinos pueden muy bien corresponderse con los puntos de acupuntura de la medicina china. Cada chakra mayor de la parte delantera del cuerpo tiene su par en el dorso y ambos juntos se consideran como manifestaciones de un solo chakra. Los aspectos frontales están relacionados con los sentimientos de la persona, los dorsal Íes con su voluntad, y los tres de la cabeza con sus procesos mentales. Todos ellos aparecen en la figura. Así, el chakra nº2 tiene un componente 2ª y 2B, y el nº3, un componente 3A y 3B, y así sucesivamente hasta el sexto chakra. Se puede considerar, si se desea, que los chakras 1 y 7 están apareados, puesto que son puntas abiertas de la principal corriente de fuerza vertical que recorre arriba y abajo la espina dorsal, a cuyo interior señalan todos los chakras.

Donde conectan con la principal corriente de fuerza, las puntas o extremos de los chakras se denominan raíces o núcleos de éstos. Dentro de estos núcleos se encuentran sellos que controlan el intercambio de energía entre las capas del aura a través del chakra en cuestión. Es decir, cada uno de los siete chakras tiene siete capas, y cada una de éstas se corresponde con una capa del campo aura!

Cada chakra tiene un aspecto distinto en cada una de estas capas, como se verá cuando las describamos detalladamente. La energía puede fluir de una a otra capa a través del chakra, pasando por los sellos de las raíces de los chakras. La figura muestra el campo aural con las siete capas interpenetrantes y las siete capas de chakras interpenetrantes.

El sistema del cuerpo aural de siete capas

Se puede ver la energía que fluye al interior de estos chakras desde el campo energético universal. Cada torbellino turbulento de energía parece aspirar o recoger energía del CEU. Su funcionamiento se asemeja al de los torbellinos conocidos de agua o aire, como remolinos, ciclones, trombas marinas y huracanes. El extremo abierto de un chakra normal en la primera capa del aura mide unos 15 cm de diámetro a una distancia de 2,5 cm del cuerpo.

La función de los siete chakras

Cada uno de estos torbellinos intercambia energía con el CEU. Por tanto, cuando se sienten «abiertos» se trata de una sensación literalmente cierta. Todos los chakras mayores, los menores, los inferiores y los puntos de acupuntura son aberturas por donde fluye la energía a y desde el aura. Somos como esponjas en el mar de energía que nos rodea. Como ésta siempre se asocia con alguna forma de conciencia, experimentamos la energía que intercambiamos en términos de ver, oír, sentir, intuir o conocer directamente.

Por tanto, podemos considerar dos significados en el hecho de permanecer «abiertos». Significa, en primer lugar, metabolizar una gran cantidad de energía desde el campo universal a través de todos los chakras, grandes y pequeños. Por otra parte, significa ceder, y en cierto modo tratar, toda la conciencia relacionada con la energía que fluye a través de uno. No es tarea fácil, y la mayoría de nosotros no podemos realizarla. El material psicológico relacionado con cada chakra se lleva a la conciencia aumentando el flujo de energía de uno mismo a través de dicho chakra. Un repentino flujo de energía liberaría demasiado material psicológico, por lo que no podríamos procesarlo todo.

Por tanto, en cualquiera de los procesos de crecimiento en que nos hallemos, hemos de trabajar para abrir lentamente cada chakra a fin de disponer de tiempo para procesar el material personal que se libera e integrar la nueva información en nuestra vida.

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Es importante abrir (armonizar) los chakras y aumentar nuestro flujo energético, ya que cuanta más energía dejemos fluir más sanos nos encontraremos. La disfunción del sistema la provoca un desequilibrio de energía o un bloqueo del flujo energético. Dicho de otro modo, la falta de flujo en el sistema energético humano conduce indefectiblemente a la disfunción, además de deformar nuestras percepciones y embotar nuestras sensaciones, interfiriendo así en una experiencia serena de vida plena. Sin embargo, no estamos psicológicamente preparados para permanecer abiertos sin trabajar y desarrollar nuestra madurez y claridad.

Cada uno de los cinco sentidos está asociado con un chakra: el tacto con el primero; el oído, el olfato y el gusto con el quinto (el chakra de la garganta); y la vista con el sexto (o tercer ojo).

Los chakras del cuerpo aural tienen tres funciones principales:

1. Revitalizar cada cuerpo aural y, con ello, el cuerpo físico.
2. Provocar el desarrollo de distintos aspectos de la auto-conciencia. Cada chakra está relacionado con una función psicológica específica. El capítulo 11 trata de los efectos psicológicos que tiene la apertura de chakras específicos en los cuerpos etéreo, emocional y mental.
3. Transmitir energía entre los niveles aurales.

Cada capa aural tiene su propio juego de siete chakras mayores, cada uno situado en el mismo lugar en el cuerpo físico. Ello es posible porque cada capa progresiva existe en octavas de frecuencia siempre crecientes. Por ejemplo, para el cuarto chakra hay realmente siete chakras, cada uno de una banda de frecuencia más alta que el inferior. Los chakras parecen estar alojados uno dentro de otro, como si fueran vasos encajados. Cada chakra de cada capa superior se extiende más lejos en el campo aura] (hasta el borde de cada capa) y es ligeramente más ancho que el situado debajo.

La energía se transmite de una capa a la siguiente a través de pasajes situados en las puntas de los chakras. La mayoría de las personas tienen sellados estos pasajes. Se abren como resultado del trabajo de purificación y, por tanto, los chakras se convierten en transmisores de energía de una capa a otra. Cada chakra de la etérea está directamente conectado al mismo chakra del siguiente cuerpo más fino que lo rodea y lo penetra. Los chakras del cuerpo emocional están conectados a los del siguiente cuerpo más fino, el mental, y así sucesivamente para las siete capas. En la literatura esotérica oriental se considera que cada uno de los chakras tiene cierto número de pétalos. Al observarlos de cerca se ve que estos pétalos se asemejan a pequeños torbellinos giratorios que ruedan a velocidades muy altas. Cada torbellino metaboliza una vibración energética que resuena a su frecuencia específica de giro. El chakra pélvico, por ejemplo, tiene cuatro torbellinos pequeños y metaboliza cuatro frecuencias básicas de energía, y otro tanto sucede con los restantes chakras. Los colores que se observan en cada chakra guardan relación con la frecuencia de energía que se metaboliza a su velocidad determinada.

Como los chakras sirven para vitalizar el cuerpo, se encuentran directamente relacionados con cualquier patología de éste.

Los chakras absorben la energía universal o primaria (ch´i, orgón, prana, etc.), la fragmentan en sus partes constitutivas y las envían a continuación a lo largo de unos ríos llamados nadis, al sistema nervioso, a las glándulas endocrinas y después a la sangre para nutrir el cuerpo.

Por Barbara Ann Brennan

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